domingo, 22 de noviembre de 2015

honsho-myoshu 
                                                                                                                               Es sólo la mente quien imagina la esclavitud. Las prácticas espirituales no se hacen con el fin de alcanzar el Ser, porque el Ser siempre está presente, sino con el de que uno tome conciencia de que eso es algo que nunca ignoró y que siempre lo supo. La verdadera práctica espiritual surge del SER, no va hacia Él. En palabras de Ken Wilber: en nuestra práctica el SER se reza a Sí mismo. Nuestra práctica no conduce al SER, Es el SER desde siempre y por siempre. Nuestra práctica es ya en sí misma el objetivo. Incluso cuando parece que estamos intentando alcanzar el SER, en realidad solo estamos expresándolo; es decir, comportándonos como el SER que ya somos.

La búsqueda es la trampa, continúa diciendo Wilber. Ya sois lo que andáis buscando. Pensáis que hay que alcanzar algo, pero nunca habéis dejado de ser Eso ni nunca podréis dejar de serlo. La intuición decisiva es cuando nos hacemos conscientes de que siempre estamos eludiendo SER lo que ya somos. Debemos enfrentarnos a esta resistencia, mediante la cual producimos en secreto el síntoma de no conocer nuestro verdadero SER.  

Buscamos el SER apartándonos del presente, moviéndonos hacia lo que imaginamos otro presente nuevo y mejor. Buscar Eso en el futuro es errar eternamente, porque al intentar continuamente apartarnos del Ahora reforzamos de seguido la ilusión de estar fuera del Ahora, de estar separados del Ahora. La percepción de un mundo “objetivo” exterior es la resistencia a nuestra experiencia presente, una separación de ella. Se establece una demarcación ilusoria y el mundo se escinde en dos: lo que uno es (el que experimenta) y lo que uno no es (lo experimentado), concluye Wilber.         

Crees que te conoces a ti mismo cuando afirmas saber lo que eres. Pero nunca sabes quién eres. La persona solo aparenta ser. Todo sufrimiento está basado en la idea de un "yo" separado, una persona pilotando la máquina. Pero la persona separada es absolutamente inexistente. Si no hubiera ninguna persona, ¡no podría haber enojo! Es tan simple como eso.

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