miércoles, 16 de septiembre de 2015

Existencia sin identidad. Eso es el verdadero ser. Todo lo que vemos y percibimos, incluido uno mismo (lo que creemos que somos) está muy lejos de existir por su cuenta. Esto no quiere decir que no exista en absoluto, sino que no existe como lo percibimos, o sea como un fenómeno separado y aparte de todo lo demás. Si nos paramos a observar hemos de admitir que esa es la manera como se aparece en nuestra consciencia. Estamos tan ofuscados que tan solo contemplamos la posibilidad de que somos seres individuales, con un cuerpo, una mente y un yo. Falsas identidades (falsas porque no existen en absoluto como aparentan... como quieren hacernos creer cuando aparecen) de las que estamos absolutamente convencidos. 

Todo eso que aparece en nuestra consciencia no tiene ni una hebra de realidad. Como mucho es de la naturaleza de las ilusiones, los espejismos, los sueños. Pero eso no quiere decir que no hay nada ahí (lo que sería caer en un nihilismo), sino que lo que percibimos existe en dependencia, como nos demuestra la física y cualquier observación lógica de los fenómenos a través de sus causas y condiciones. En consecuencia, para todas las existencias de este mundo, podemos inferir que percibirlas en clave individual no pasa de ser una una ensoñación. Únicamente hay una existencia global, que no admite partes ni fracciones. Esa es la Realidad. Y la consciencia de tal existencia única es nuestro verdadero yo: la misma consciencia asumiendo innumerables formas.

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